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Entrevista a Arcadi Oliveres


Entrevista a Arcadi Oliveres, sobre el comercio justo, realizada por Ferran Bolós (VOLS) y publicada en la revista "En la calle".
Arcadi Oliveres es Catedrático de Ciencias Económicas de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Compagina su labor académica con el compromiso de trabajar por la paz y los derechos humanos en la organización “Justícia i Pau”, de la cual es presidente en Barcelona.
Nos encontramos en su despacho de la sede de “Justícia i Pau”, con vistas de todo el casco antiguo de Barcelona, donde me recibe muy atenta y cordialmente, después de haber estado atendiendo otra entrevista para un medio de comunicación local y antes de ponerse a responder unos 300 correos electrónicos pendientes. Es una persona ocupada, y también comprometida con la sociedad, de manera especial, danto a conocer las injusticias de nuestro mundo y su economía globalizada.


¿Qué entendemos por comercio justo? ¿Qué diferencias hay entre el comercio justo y el comercio habitual?

Deberíamos diferenciar entre lo que la sociedad entiende o ha dado a conocer con la marca “comercio justo” y lo que yo entiendo realmente como comercio justo.
Habitualmente en nuestra sociedad se entiende que “comercio justo” es aquel intercambio de productos con los países del sur que tiene dos características: un precio que remunere bien al productor, y el producto ha sido elaborado de manera apropiada (por ejemplo, sin explotación infantil).
En cambio, para mí, hay que tener en cuenta algunas condiciones más: el proteccionismo y el libre intercambio. El proteccionismo se refiere a las políticas de protección interna de los productos propios de los países occidentales, en cambio, el libre cambio hace referencia a la apertura real de las fronteras del norte hacia los países del sur; esto impide del desarrollo comercial y, por tanto, económico de los países menos favorecidos. Es necesario, por ello, una cambio radical en las normas comerciales internacionales para poder pensar en un comercio realmente justo.
Las diferencias entre estos productos etiquetados como “comercio justo” y los tradicionales son el proceso de fabricación sin explotación, la distribución y venta aquí también sin explotación (por ejemplo, que los trabajadores de los grandes supermercados sean pagados adecuadamente) y la eliminación de publicidad inútil.

¿Por qué el precio de los productos de comercio justo es mayor si no existen tantos intermediarios?
Es una pregunta de las más habituales. Hablando con el director de una de las organizaciones de comercio justo en nuestro país me explicaba que, además de pagar mejor al productor y otras personas del país de procedencia (transportista…), el consumo es menor y, por tanto, los costes suben porque, para traer café de comercio justo de América Latina, hay que importarlo desde Holanda, donde la gente consume más y se pueden traer contenedores llenos… Y, claro está, lo que sale caro es el transporte desde Holanda hasta aquí.

¿Qué podemos hacer los consumidores para ser más “justos”?
Lo primero, comprar menos. Los recursos naturales de nuestro planeta son limitados, y debemos pensar en las futuras generaciones. El tercer mundo nunca llegará a consumir tanto como consumimos nosotros.
Lo segundo, e igual de importante, consumir mejor. Todos los productos no son de comercio justo. Éste no podrá satisfacer más del 10% de nuestras compras. El resto hay que conseguirlo en las tiendas convencionales.
Pero sí que podemos comprar productos más justos que otros, o al revés. Cuando vamos a votar, sería lógico que miráramos los programas electorales y votásemos al que nos parece mejor. De hecho, comprar es escoger. Por eso, con el consumo pasa igual: hay que conocer el origen del producto y de la empresa. Lo que nos pasa es que necesitamos información. Es muy útil, por ejemplo, la revista Opcions (opciones: www.opcions.org), que edita monográficos sobre productos: leche, carne, agua, aceite, jabones y detergentes, frigoríficos, juguetes, libros, bancos...

Si el comercio justo fuese la manera habitual de comprar en nuestro mundo, ¿podría caer en los mismos errores que el comercio convencional?
No tendría por qué, pues su ideología de fondo es completamente diferente. La cuestión es que esta ideología debería extenderse a otros sectores de actividad económica.
Primero, deberíamos acostumbrarnos a algunas acciones en contra de las “peores” empresas, y hacer boicots. Hace algunos años Setem promovió un boicot contra una compañía de ropa, pero no haciendo campaña para no comprar los productos de esta empresa, sino ofreciendo a las tiendas dónde ésta vendía sus productos, el mismo producto, quizá de mejor calidad, realizado también en Bangladesh, pero mediante cooperativas de la zona. Los explotados por la empresa se quedaron sin trabajo, pero sus “hermanos” lo consiguieron en las cooperativas.
Segundo, intentar entrar en la costumbre de ser usuarios de la banca ética, prima hermana del comercio justo. Hay que ser coherentes. ¿De qué sirve comprar comercio justo si nuestros ahorros los dedicamos (indirectamente, por inversiones o fondos de pensiones) a potenciar empresas explotadoras o armamentísticas.

¿Cuál es el futuro del comercio justo en la Europa globalizada?

El futuro del comercio justo “de marca” en España parece que irá creciendo poco a poco. Pero en otros países donde ya se ha desarrollado no podrá extenderse más, por todas las limitaciones que he ido diciendo.
Así que el futuro del comercio justo será nuestro consumo crítico. Hacer compra crítica tiene más futuro que el de marca “comercio justo”. Aquí sí hay un gran futuro por delante.
26/03/2009
Ferran Bolós
Comentarios
  1. Elisa ( 03/04/2009 12:12:18 )
    M'agrada molt l'Arcadi. És un crack i sempre diu coses molt interessants sobre la situació del món.
    Teniu una breu biografia a la Viquipèdia: http://ca.wikipedia.org/wiki/Arcadi_Oliveres_i_Boadella
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