22/08/2010.Palabras de Teresa López a la comunidad de Huesca (Entarachén-VOLS).
Dentro de pocas semanas, también en Mekanissa, en la periferia de Addis Abeba, comenzaremos el nuevo curso escolar. En el Centro Juvenil Don Bosco lo haremos superando la frontera de 500 beneficiarios de nuestro proyecto que durante el próximo año recibirán educación, formación, atención sanitaria y apoyo psicosocial. Como os hemos explicado alguna vez, estos 500 niños y niñas, desde los cinco hasta los 20 años, utilizan nuestro centro como una suerte de segundo hogar donde paliar y compensar las carencias de sus primeros hogares, normalmente familias desestructuradas y marcadas por la pobreza, la ignorancia y la enfermedad.
La gran novedad de este inicio de curso la constituye además la inauguración, de aquí a pocas semanas, de un nuevo comedor para nuestros chavales, que hasta ahora comían en el suelo del porche. Estamos todos muy emocionados, porque comer sentados en mesas y sillas y al abrigo de la lluvia y el sol supone una mejora evidente en nuestro servicio de comedor y una dignificación de las condiciones de vida de los niños y niñas de Mekanissa.
En el Centro Juvenil Don Bosco trabajamos en la actualidad una veintena de personas, entre educadores y personal auxiliar. Estamos abiertos todos los días del año, de siete de la mañana a siete de la tarde. Trabajamos mucho y, por qué no decirlo, trabajamos cada vez mejor. Vuestra ayuda, vuestro apoyo nos permiten ofrecer a nuestros chavales servicios de una calidad cada año mayor, más acordes con sus necesidades reales y –por qué no decirlo también.-, más acordes con el Evangelio, que nos enseña aquello de los últimos serán los primeros. En Mekanissa, en nuestro centro, nuestros niños rechazados por un mundo que les ignora, son ya los primeros, la prioridad, el todo. Al menos para nosotros, que los vemos crecer, superarse, y romper barreras cada día.
Quería hoy, en nombre de estos quinientos niños de Mekanissa, y de todos los que trabajamos en el Centro Juvenil Don Bosco, daros las gracias por vuestra generosidad. Podemos mejorar porque nos apoyáis. Podemos trabajar porque vosotros estáis aquí, porque vosotros también creéis, porque a vosotros también os importan nuestros chavales.
Gracias de corazón por vuestro esfuerzo –especialmente el que dedican desde Entarachén-VOLS-, gracias por vuestro recuerdo y oraciones.
Hoy el Evangelio nos habla del Reino de Dios. Nuestros niños de Mekanissa, que son cristianos ortodoxos, creen profundamente en el Paraíso, en que habrá un día en que las injusticias no existan, en el que, verdaderamente, todos seamos iguales. En este Reino de Dios, según la tradición ortodoxa, todos hablaremos el lenguaje de los ángeles, que es el gue’es, un derivado de la lengua amhárica de Etiopía. Yo, por tomarles el pelo, les comento que lo tendré más difícil, puesto que no conozco el gue’es. Ellos me dicen siempre que no me preocupe, que ellos me colarán por esa estrecha puerta de entrada, y que luego me ayudarán con los problemas lingüísticos del Reino de Dios. No te preocupes, me dicen, nunca te dejaríamos fuera.
Yo no sé quién entrará y quién no. Sé que seguramente nuestros niños de Mekanissa irán delante de nosotros, muy alante, porque Dios los quiere mucho, porque la vida tiene mucho que compensarles. De momento, nosotros intentamos, con vuestro apoyo, cada día, hacerles llegar un trozo de ese Reino de Dios en el que todos creemos y en el que, más allá de diferencias de lengua, raza o religión, todos estamos llamados a entrar.